Infidelidad: los errores que pueden agravar la crisis y cómo evitarlos

Las consecuencias de una infidelidad suelen extenderse mucho más allá del acto en sí. El impacto emocional inicial —marcado por enojo, tristeza, culpa o confusión— puede derivar en decisiones impulsivas que profundicen el daño. Diversos especialistas en terapia de pareja y psicología coinciden en que las primeras reacciones son determinantes: pueden abrir una vía hacia la reconstrucción del vínculo o, por el contrario, consolidar la ruptura.

Medios como GQ y Psychology Today, junto con centros especializados como South Denver Therapy y Great Lakes Counseling Group, han recopilado recomendaciones de expertos que identifican conductas frecuentes que dificultan la recuperación. Reconocer estos errores permite actuar con mayor claridad y reducir el sufrimiento.

Uno de los desaciertos más perjudiciales es la exposición pública de la crisis. Gestionar una infidelidad en redes sociales o medios de comunicación amplifica la vergüenza y el resentimiento. El caso del atleta noruego Sturla Holm Lægreid, quien habló de su infidelidad en una transmisión vinculada a los Juegos Olímpicos, mostró cómo la sobreexposición puede trasladar el conflicto íntimo al escrutinio público, afectando también a la pareja. Según los especialistas citados, la viralización incrementa la presión social y dificulta un proceso privado de diálogo y reparación.

Otro error habitual es la falta de privacidad y comunicación directa. Cuando la revelación ocurre por terceros, rumores o mensajes indirectos, la persona afectada pierde el control sobre la información y la forma en que la recibe. Los expertos subrayan la importancia de una conversación honesta, en un entorno seguro, donde ambas partes puedan expresar emociones sin interferencias externas.

Involucrar prematuramente a familiares o amigos también puede complicar el panorama. Aunque buscar apoyo es natural, los allegados suelen tomar partido y pueden mantener resentimientos incluso si la pareja decide continuar. Por ello, muchos terapeutas recomiendan que, en las primeras etapas, el acompañamiento sea profesional. Un especialista puede ayudar a canalizar emociones intensas, ordenar expectativas y facilitar un diálogo estructurado.

La victimización y los gestos teatrales constituyen otro obstáculo. Declaraciones dramáticas, intentos de generar compasión pública o actitudes exageradas pueden interpretarse como manipulación emocional. Los terapeutas enfatizan que la autenticidad, la responsabilidad y la coherencia en las acciones generan más confianza que los discursos grandilocuentes.

Mantener el contacto con la tercera persona involucrada es igualmente dañino. Los especialistas coinciden en que cortar toda comunicación —incluidas interacciones en redes sociales— es fundamental para restablecer la seguridad emocional. De lo contrario, se alimentan comparaciones, sospechas y heridas abiertas que impiden reconstruir la confianza.

Transferir responsabilidades o justificar la infidelidad es otro error crítico. Atribuir el engaño a problemas previos de la relación o a supuestas carencias del otro bloquea el aprendizaje personal. Asumir plenamente la responsabilidad permite analizar las causas profundas y decidir con mayor honestidad si se busca una reconciliación genuina o una separación saludable.

Finalmente, los expertos advierten sobre dos riesgos frecuentes: las decisiones impulsivas y la sobreinformación. Tomar determinaciones definitivas en el punto más alto de la crisis —como terminar o perdonar de inmediato— puede conducir a arrepentimientos posteriores. Recomiendan esperar a que las emociones se estabilicen antes de definir el rumbo. Del mismo modo, la búsqueda obsesiva de detalles suele intensificar el dolor sin aportar claridad. Focalizarse en los hechos esenciales y en las necesidades actuales de la pareja resulta más constructivo que reconstruir cada aspecto del engaño.

En este contexto, la terapia individual o de pareja se presenta como una herramienta valiosa. El acompañamiento profesional no garantiza la reconciliación, pero sí ofrece un espacio seguro para procesar emociones, clarificar expectativas y tomar decisiones conscientes. Tras una infidelidad, el modo en que se gestiona la crisis puede marcar la diferencia entre una herida que se profundiza y un proceso que, aunque complejo, abra la posibilidad de aprendizaje y crecimiento.

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